Datos de Contacto

Hermandad de Ntra. Sra. de la Antigua de Manjavacas
Ctra. Mota del Cuervo a Las Mesas, km. 6
16630 Mota del Cuervo
Cuenca
Volver atrás

Traída de la Virgen

Imagen de Historia
Hay acontecimientos y vivencias que causan impacto y dejan a veces dudas de credibilidad, aunque se hayan vivido. Pero al reflexionar y pensar que la cosa fue así, estamos convencidos de su realidad: en su espacio, en su tiempo, en su entorno de personas. Esto ocurre en Mota del Cuervo, en sus fiestas patronales, con la tradición de la traida y llevada de la imagen de la Virgen de Manjavacas desde su pueblo a la ermita y viceversa, enclavada en la cañada de Manjavacas y que dista del pueblo siete kilómetros. Es algo insólito pero que está ahí, año tras año, en el mes de agosto donde se dan cita miles de personas, para participar de una manera activa o pasiva en esa carrera de la imagen, que es devoción para muchos, y para otros extrañeza o fanatismo.
Por el rito, la vivencia, la fuerza, conviene que relatemos detalladamente el amanecer del primer domingo de agosto (antes septiembre) de todos los años.

Estamos en la ermita, es de madrugada, la hora del alba; allá por la Senda de Santa María, paraje del saliente, la aurora comienza sus destellos anunciadores del día. La salida del sol es el momento justo, exacto, para que un pueblo en masa, más de los muchos llegados para esta cita, en el templo, de hinojos, ante la imagen de la Virgen, participan de la celebración de la Palabra y de la Eucaristía, (oír la Misa, cae mejor para estas buenas gentes, que vive su tradición) con silencio, con agradecimiento, implorando perdón en esa hora matinal, todos engarzados por el amor a la Virgen viven el comienzo de esa tradición profunda y escalofriante.

Poner en andas a la Virgen y los gritos fuertes, broncos, espontáneos de "¡Viva la Virgen de Manjavacas y su Santísimo Hijo!" electrizan al pueblo.

Es necesario hacer una pausa, antes de comenzar la carrera veloz, el chocolate espera humeante, con rollo dulce, para mojar. Hay que tomar un tentempié y reponer fuerzas de la gran madrugada, para llevar a la Virgen y seguir la caminata a lo largo del recorrido.

La Virgen sale despacio de su ermita, en procesión, y llega al Hito, punto donde arranca, una vez tapada la imagen, y los anderos - así se llaman los portadores de la Virgen -, corriendo con todas sus fuerzas que les pueden imprimir sus piernas que, seguramente, se mostrarán más ligeras en esta ocasión, sudorosos, sin respiración por el cansancio y la fatiga, vuelan, no corren, para obtener un tiempo récord en el camino. Los relevos se hacen rápidos, sin perder tiempo, así, con brío, con empuje, pasan, cruzan la vaguada de Manjavacas y llegan a la Media Legua.

Usos y costumbres, son dos minutos de respiro, es el único alto en la veloz galopeada. El agua del pozo refresca los cuerpos sudorosos, pero los espíritus se templan aún más, porque se dicen, se cantan los minutos que se llevan de recorrido y de nuevo se sigue. La expectación es grande a medida que se aproximan al pueblo: personas de pie, rezagadas, ciclistas, jóvenes de ambos sexos, la imagen en el centro rodeada, llevada en volandas por los mozos aguerridos, todo es dinamismo, actividad, fe en una tradición, y así, detrás, centenares de carruajes, tractores con sus remolques, coches, camiones..., y un pueblo que espera.

Son impresionantes los rasgos de muchas personas cuando la Virgen llega al Pocillo. Algo indescriptible ocurre y cada persona sabe que de lo íntimo de su ser vibra el amor a la Virgen.

Lágrimas, gracias,... son tantas las cosas que se agolpan al corazón, que aquella masa de personas viven fuera de sí, en otro mundo, como hipnotizadas.

En el "pocillo" a la imagen le quitan los atuendos de camino y se inicia la procesión a la Parroquia, dentro del recogimiento que estimula a pensar y rezar.

La "Traída" de la Virgen ha terminado.